Está pasando hoy, en muchas empresas, sin que nadie lo vea.
Un colaborador, presionado por entregar un informe, decide “ayudarse” con IA. Como su organización aún no le da Copilot corporativo, usa su tarjeta personal, contrata Microsoft 365 Personal o Premium, inicia sesión con su cuenta @outlook.com en la laptop de la empresa y sube un Excel de ventas para que la IA lo resuma.
Para él es productividad.
Para el Gerente de TI, si lo supiera, sería una alerta roja: los datos acaban de salir del inquilino corporativo y han entrado en una zona gris donde la empresa no tiene control ni visibilidad.
Explicación del problema
Las nuevas suscripciones de Microsoft 365 para consumidores con IA integrada son una excelente noticia para usuarios individuales, pero un reto serio para la seguridad empresarial.
Lo crítico no es la herramienta, sino el contexto:
- Los empleados están creando “Shadow AI”: uso de IA fuera del entorno corporativo.
- Al usar cuentas personales para procesar información de la empresa, los datos salen del tenant corporativo, donde ya no aplican tus políticas de:
- DLP,
- retención,
- cifrado,
- auditoría.
El error más común es pensar: “es Microsoft, así que igual es seguro”.
No. Lo que protege tus datos no es la marca, es el inquilino y la gobernanza sobre esa identidad.
¿Por qué sigue ocurriendo?
Porque la innovación va más rápido que los procesos internos.
- Los empleados quieren usar IA ya, no en seis meses cuando se apruebe el presupuesto.
- Las interfaces de Word, Excel y PowerPoint personales y corporativas lucen casi iguales; el usuario no percibe riesgo.
- Nadie les ha explicado claramente dónde termina “lo personal” y dónde empieza “lo corporativo” en el mundo de la IA.
El resultado: buenas intenciones, malas prácticas.
Las consecuencias reales
Permitir esta mezcla sin control puede derivar en impactos serios:
- Fuga de propiedad intelectual:
Presentaciones, roadmaps, contratos o estrategias acaban guardados en OneDrive personal. Si el empleado se va, se lleva los datos con él.
- Puntos ciegos en auditorías:
No hay logs de qué pidió, qué subió ni qué generó la IA en esa cuenta personal.
- Riesgos de cumplimiento:
Procesar datos de clientes en una cuenta de consumo puede violar GDPR u otras normativas locales, aunque nadie lo haya hecho “con mala intención”.
Soluciones concretas: poner fronteras claras a la IA
La respuesta no es bloquear la IA, sino gobernar identidad y acceso.
A. Restricciones de inquilino (Tenant Restrictions v2)
Configura restricciones a nivel de red y dispositivos para que:
- Desde equipos corporativos solo se pueda iniciar sesión en tu tenant (@tuempresa.com).
- El acceso a cuentas @outlook.com u otros tenants no autorizados esté bloqueado o en solo lectura.
De esta forma, los datos corporativos no pueden “escaparse” a un OneDrive personal desde dispositivos gestionados.
B. Políticas DLP y Purview orientadas a IA
Actualiza tus reglas de DLP en Microsoft Purview:
- No solo busques tarjetas de crédito o PII,
- también patrones de copiar/pegar masivo desde apps corporativas hacia navegadores o apps no autorizadas.
La idea es frenar el envío de contenido confidencial a instancias de IA que no controlas.
C. Política de “Licenciamiento Responsable”
No basta con la tecnología; hace falta cultura:
- Explica a los empleados que sus suscripciones personales son para su uso privado, no para procesar información de clientes, finanzas o proyectos internos.
- Define una política clara de uso de IA y comunícala como una protección del negocio y del propio empleado.
Caso de estudio: “Creativos 360”
Una agencia creativa permitió que sus diseñadores usaran cuentas personales con IA mientras “llegaban” las licencias corporativas. Un guion de campaña confidencial quedó guardado en OneDrive personal. Semanas después, esa cuenta fue comprometida por phishing y el cliente exigió explicaciones.
Tras el incidente, TI:
- Bloqueó cuentas Microsoft de consumo en dispositivos corporativos.
- Compró licencias corporativas de Copilot.
- Implementó alertas DLP ante subida de archivos “Confidenciales” a nubes públicas.
En un mes, los usos de “Shadow AI” cayeron un 90%.
Llamado a la acción
La IA no es el problema.
El problema es quién la usa, con qué cuenta y sobre qué datos.
Si no defines hoy las reglas de juego, tus empleados las definirán por ti con su tarjeta de crédito y tus datos corporativos.
Es momento de:
- Revisar el uso de apps de IA en tu organización, habilitar Tenant Restrictions, y diseñar una política clara de uso de IA corporativa.

